El arte de los presos de Guantánamo se enfrenta a la ‘censura’ del Pentágono

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Una exposición de arte producido por presos de Guantánamo ha provocado tal revuelo que el Pentágono ha optado por impedir a los reclusos sacar sus cuadros de prisión e incluso les ha amenazado con incinerar las obras. Para la comisaria de Ode to the sea: art from Guantanamo Bay” (Oda al mar: arte de la Bahía de Guantánamo), Erin Thompson, la nueva política del Pentágono es una “censura artística” más propia de regímenes autoritarios que de estados democráticos como Estados Unidos.

Los reclusos podían conservar sus lienzos y sacarlos fuera de prisión a través de sus abogados, pero las normas han cambiado tras esta exposición que estrenó en octubre la universidad especializada en justicia criminal John Jay de Nueva York. Allí se pueden ver hasta enero 36 obras de arte, entre cuadros y esculturas, realizadas por ocho reclusos del penal de Guantánamo, cuatro de los cuales ya fueron liberados.

La mayor parte de los óleos tienen un elemento en común, el mar. En 2014, un huracán amenazó Cuba y los trabajadores de la prisión levantaron por unos días los toldos que impedían a los presos ver la bahía de Guantánamo. “Sentimos algo de libertad al mirar hacia el mar”, explica en el catálogo de la exposición uno de los reclusos, Mansoor Adayfi, autor de uno de los paisajes marinos de la muestra.

Familiares de víctimas del atentado de las Torres Gemelas mostraron su rechazo a la exposición y, tras el revuelo causado, el Departamento de Defensa estadounidense limitó el uso que los presos pueden hacer de sus creaciones artísticas.

En los últimos días, a los abogados de los reclusos se les ha denegado la posibilidad de sacar de prisión las pinturas de sus clientes, a quienes se les ha advertido de que, si alguna vez son liberados, no podrán llevarse sus cuadros, ya que serán incinerados.

Thompson, que también es profesora de arte criminal, sostuvo que las obras no representan amenaza alguna porque el proceso creativo se somete a un minucioso escrutinio. “Tienen muy restringido lo que pueden pintar y lo que no. Dibujan bajo muchas normas y se supervisa que no haya ningún mensaje de violencia en el cuadro, ni implícito, ni explícito”, señaló la comisaria.

La experta en arte cree que el mayor incentivo para acercarse a ver la exposición es que los cuadros son “bonitos” y nadie se imagina que presuntos terroristas encerrados en una cárcel de alta seguridad pinten “playas, barcos o flores”.

Thompson afirmó que, sin embargo, los cuadros tienen un poso de “tristeza” y logran “emocionar” a los visitantes, y se defendió de las críticas argumentando que vienen de personas que no han visto la exposición.

La polémica ha vuelto a poner en el foco mediático la prisión de Guantánamo, donde permanecen 41 hombres acusados de tener vínculos terroristas, de los cuales solo diez han sido condenados o tienen cargos presentados en su contra.

“La reacción más común de la gente que ha oído hablar de la exposición era: ¿pero aún existe Guantánamo? ¿No la habían cerrado ya?”, destacó la comisaria, quien desgranó que 10.000 visitantes han visto las obras.

Thompson dice que otros familiares de víctimas del terrorismo la han felicitado y le aseguraron que ellos son los primeros que quieren un juicio para los presos que residen en el penal lo antes posible. Las personas interesadas en comprar un cuadro o una escultura, pueden hacerlo, siempre que el preso haya sido liberado.

Para algunos reclusos de Guantánamo, el arte es la única vía de escape que tienen y les mantiene cuerdos, según Thompson. Por ello, “si queremos que estén en su sano juicio para que puedan cumplir su condena, no se les puede privar del arte”, añadió.

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