Fuga de médicos que no termina en Puerto Rico

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Se sabe que son muchos los médicos que han estado emigrando de Puerto Rico, pero las estadísticas que pueden certificar la magnitud de esta fuga permanecerán como un misterio en la medida que los doctores que se mudan a Estados Unidos mantienen vigente sus licencias para practicar en la isla.

Lo anterior impide depurar las listas de la Junta de Licenciamiento y Disciplina Médica, que en la actualidad tiene en su registro cerca de 15,000 médicos hábiles para ejercer en Puerto Rico, dijo Víctor Ramos, presidente del Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico. Pero en esa lista aparecen médicos que, en realidad, ya no están en la isla y al mantener su licencia vigente impiden conocer cuál es el inventario real de profesionales de la salud, explicó.

Al aclarar la deficiencia estadística, Ramos repasó que en el 2016, cerca de 600 médicos cancelaron sus licencias en Puerto Rico para mudarse a Estados Unidos; 500 lo hicieron en el 2015; y 365 en el 2014.

“Y este año 2017, tras el huracán, se irá una hemorragia de médicos”, adelantó. “A mí, personalmente, me han hecho muchas ofertas con mejores salarios, pagando el colegio de mis hijos, cubriendo el seguro de impericia médica y con otras cosas que si el gobierno no hace nada, se irán muchos más”, agregó.

Las cifras estarán ausentes, pero el dramatismo que esta estampida supone en la cotidianidad isleña se palpa a diario cuando los pacientes tienen que esperar meses para una cita con un especialista; cuando algún enfermo grave pierde la vida, o en un vital desespero alguien opta por viajar a Estados Unidos para obtener algún tratamiento.

“Recuerdo un fin de semana largo y había que operar a un paciente de aneurisma aórtica y su hijo me llamó urgentemente para ayudarlo a gestionar una cirugía. En Puerto Rico, había tres especialistas que hacían esta operación y no conseguí a ninguno. El paciente murió”, narró el doctor Eduardo Ibarra, expresidente del Colegio de Médicos Cirujanos.

“Este problema se conoce por lo anecdótico, pues lo veo día a día. Se van porque en Estados Unidos les ofrecen salarios tres y cuatro veces más altos, les cubren los costos de mudanza, les dan plan médico y vacaciones y hasta les pagan el seguro de impericia. Eso no pasa en Puerto Rico”, dijo Ibarra. “En otro caso, tenía un paciente de cáncer toráxico y por falta de especialistas lo tuve que enviar a Florida. Si necesitas una cita urgente y el médico te da cita para ocho meses, el paciente que tiene los recursos se va a Estados Unidos, algo que la mayoría no podrá hacer”, agregó.

No solo se van los médicos. Otros profesionales de la salud siguen dejando la isla. Leilany Miranda, quien trabajó como enfermera en Guaynabo, se “jugó la maroma” de dejar a su esposo en Puerto Rico por nueve meses para explorar una oportunidad profesional que le surgió en la ciudad de Ocoee, Florida. “En Puerto Rico trabajas demasiado, te pagan poco y te arriesgas mucho. Aquí me pagan el doble, la comida es más barata y se vive tranquilo”, dijo la mujer, que tiene tres hijos y lleva 22 años de casada.

Tramitó su licencia por internet y en un mes la tenía, pero el proceso de adaptación no fue fácil.  “Estaba sola y los primeros meses me deprimí. También, acoplarme al idioma y a trabajar con personas de otras nacionalidades hablando inglés con su acento no fue fácil, pero poco a poco todo fue cayendo en su sitio y hoy te digo que valió la pena. Lo único es que la vivienda acá es demasiado cara, pero estoy mejor, más tranquila”, dijo la enfermera.

El tema financiero luce como el motor principal que tienta a los médicos en quienes el Estado invirtió miles para prepararlos académicamente para que, luego, se vayan a trabajar fuera de país. Pero se unen otras variables que afectan a médicos, y también a ciudadanos en general, y tienen que ver con las dificultades cotidianas de la vida en Puerto Rico, como son las gestiones en agencias gubernamentales.

La ventaja del español

“Amo mi isla y estábamos bien,  pero a veces teníamos que hacer arreglos para pagar una cosas un mes y otras el otro. Además, se pasa mucho trabajo con los servicios del gobierno y hay demasiados tapones”, dijo la doctora Yaliz Cruz, natural de Bayamón. Hace un año dejó la isla y ahora trabaja como médico generalista en la clínica Advance Medical Group, en Kissimmee.

Su proceso de adaptación fue más fácil pues, aunque se mudó de país, continúa trabajando bajo la misma empresa que la empleaba en la isla. “Los pacientes boricuas aquí son felices cuando encuentran a un médico que habla su idioma. Entiendo cuando me dicen que les dio la monga, un patatú o que le suena un tucu-tucu en el pecho… los entiendo”, dijo. “Me gustaría estar en Puerto Rico en este momento, pero aquí estoy ayudando a los boricuas que están llegando”, añadió Cruz.

“La carga de trabajo era inmensa”

Marie Carmen Iturbe, pediatra, se fue a Bridgeport, Connecticut, hace casi un año para acogerse a un programa que, a cambio de trabajar en clínicas en zonas en la que hay pocos servicios médicos, le pagan sus préstamos estudiantiles. Al momento de irse, hacía su residencia en Centro Médico en Río Piedras.

“La carga de trabajo era inmensa… todos los días, todos los fines de semana y en tus vacaciones tenías que dedicarte a tus trabajos de investigación. Ahora, trabajo de 8:30 a.m. a 4:30 p.m., fines de semana libre y tengo vacaciones. Tampoco tengo que hacer tareas administrativas pues hay empleados para eso”, comentó.

Fue muy duro acostumbrarse al frío, a maniobrar en medio de la nieve y a vivir en una cultura muy diferente. “Por ejemplo, la Navidad aquí se acaba el 1 de enero, no es como en Puerto Rico que siguen hasta las Fiestas de la Calle San Sebastián”, comentó.

Desde Humacao, llegó a Orlando hace siete meses la doctora Verónica Cruz. Y se fuepor la razón que empuja a prácticamente todos los médicos que abandonan la isla: une mejor paga y una menor carga laboral. “En Puerto Rico tenía tres y cuatro trabajos y jornadas que a veces eran de 70 horas a la semana. Tenía mucha inestabilidad. Pero hace siete meses que acepté este trabajo y ahora laboro de lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:00 p.m., y tengo tiempo para estar con mi hija de 4 años”, contó.

La doctora generalista explicó que le pagan un salario más alto, que se siente más segura cuando sale a la calle y que vive más tranquila. Solo se quejó del alto costo de la vivienda y lo caro que son los seguros de autos,  casi el doble de lo que se paga en la isla.

“También decidí mantener la licencia de Puerto Rico por cualquier cosa que pase, pueda regresar y ejercer en la isla”, dijo.

La cercanía familiar y ese calorcito boricua fue lo que más extraña la doctora Benzaquén Parks Elly, quien es internista y decidió dar el salto a Estados Unidos hace ocho años para ejercer la medicina sin tener que meterse en las complejidades administrativas que suponen los trámites con planes médicos y otros papeleos.

“No quería los tantos roles que tiene un médico en Puerto Rico, donde uno tiene que ser doctor, enfermera, trabajadora social y hasta transportista, porque hasta tuve que llevar y traer pacientes. Pero ahora solo me dedico a la medicina”, dijo la especialista que labora en Kissimmee.

Explicó que le tomó año y medio adaptarse a la vida individualista que se vive en Estados Unidos, lo que ha cambiado con la llegada de tantos puertorriqueños. “Ahora me siento como en casa”, narró.

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