La fijación por las emociones positivas

0
165
7. Elí Bravo

(24 de diciembre de 2017. Editor).- Por: Eli Bravo (@elibravo)

Hay quienes entran en el camino del crecimiento personal con la intención de ser felices para siempre. Así comienzan con el yoga, las terapias alternativas y libros inspiradores anhelando erradicar las emociones negativas para vivir en un mundo casi perfecto. Son como Joy (alegría) en la película «Inside Out»: les mueve un entusiasmo inagotable por estar bien en todo momento; pero al cabo de un tiempo descubren que la tristeza, la rabia, el miedo o el asco no desaparecen. Entonces viene la frustración, como quien se sube a la balanza tras dos semanas de dieta milagrosa para comprobar que el sobrepeso sigue allí.

Pensar que el bienestar significa habitar únicamente en el lado brillante de la vida es una ilusión que vende muy bien; pero que no deja de ser eso: una ilusión. Y mejor que deslumbrarse con una fantasía es reconocer la realidad tal y como es.

¿Y cómo es la realidad?

Compleja, cambiante, imperfecta, maravillosa, incierta y muchísimas cosas más, todas al mismo tiempo. Además y para complicar el panorama, somos seres humanos con un entramado de emociones, historias personales y creencias. Por lo tanto, si crees que con ingredientes tan inestables se elabora una pócima mágica que con tres cucharadas asegura una vida ideal, te equivocas. Y si algún día la encuentras y la envasas, por favor, hazme llegar una muestra.

Un error frecuente al procurar el bienestar personal es desconocer o rechazar nuestro lado oscuro. Así caemos sin darnos cuenta una fijación por las emociones positivas o la vana pretensión de regirnos solamente por lo que es bueno, agradable, lindo y dulce. El resto lo tiramos al basurero o lo escondemos debajo de la alfombra; pero esos aspectos desagradables, oscuros y espesos encuentran el camino de regreso. Y mientras más los rechaces, con mayor fuerza tocarán tu puerta.

¿Será entonces que jamás se marcharán y estamos condenados a cargar con ellos?

No, si aprendes a reconocerlos, procesarlos y soltarlos. La diferencia está en poner atención a la forma como esas emociones surgen en el presente y en lugar de engancharte a ellas, las dejas ir, manteniendo la mente y el corazón abiertos para lo que venga después.

Por ejemplo, si lo que sientes es tristeza por alguna circunstancia interna o externa, observa como aparece; pero en lugar de resistirla o escaparle, reconócela; incluso puedes llamarla por su nombre. Luego dirige tu atención a otras experiencias o emociones que seguramente están allí, en tu presente. Quizás aparezcan la alegría, la rabia o el aburrimiento. Así podrás decirle a tu tristeza algo como “muy bien, aquí estás, pero sé que no te quedarás eternamente. Te sentiré por un tiempo, pero luego te irás y yo me conectaré con otras emociones. No me engancharé contigo para siempre porque no soy solamente tristeza; soy también muchas cosas más”.

Si la sueltas, inevitablemente esa tristeza pasará. Y luego, cuando venga la alegría podrás reconocerla, disfrutarla, agradecerla, pero también habrá que dejarla ir. Porque aunque se sienta de maravilla, tampoco la alegría es eterna.

Todo cambia todo el tiempo y creo que vivir en bienestar no es un terco esfuerzo por estar bien a toda costa. Más bien es aprender a observar el tren de emociones y pensamientos que corre en nuestro cuerpo y mente. Descubrirás que siempre está en movimiento, generando algún tipo de sensación o sentimiento.

Aprender ese juego de reconocer, sentir y dejar ir es un entrenamiento físico, mental y espiritual que nos ayuda a crecer como seres humanos y ser más felices. Es la práctica de la meditación que nos enseña a abrazar lo que somos realmente, nos guste o no, para ir poco a poco limpiando las aguas internas y vernos con mayor claridad y compasión.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here