Por qué a la hora de dar ayudas económicas es mejor discriminar

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Foto: BBC.com

Tal vez creas que el gobierno nunca te ha dado una ayuda para la pobreza: jamás recibiste una beca, no usaste ningún comedor social ni accediste a una vivienda de interés social, o cobraste sueldo de desempleado.

Pero si vives en América Latina es muy probable que lleves años pagando menos de lo que debes cada vez que compras gasolina o determinados alimentos gracias a subsidios que quizá ni sabías que existían.

La pregunta es: ¿los necesitabas?

Si todos pagamos impuestos, puede parecer lógico que todos nos beneficiemos cuando hay una subvención estatal.

Esto recibe el nombre de subsidio generalizado, ya que lo percibe toda la población.

En países como Noruega, ricos y pobres pueden ir a la universidad sin pagar matrícula y, en Finlandia, se acaba de iniciar un plan piloto para instaurar una renta básica universal.

Pero la realidad latinoamericana dista mucho de la de los países nórdicos y, para algunos expertos, aplicar en ella este criterio no contribuye al principal objetivo: reducir la pobreza.

Entre ellos está el especialista líder en protección social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Marco Stampini, que defiende otra alternativa: focalizar.

Es decir, establecer una discriminación, aunque positiva.

No generalizar

“Los subsidios generalizados forman parte de una política universal que se pensó con la intención de ayudar a todos. Pero, de facto, los que más los usan son quienes tienen más recursos”, aseguró Stampini en una entrevista a BBC Mundo.

Para este especialista, “no tiene sentido” que se diseñen programas de lucha contra la pobreza que acaben favoreciendo a “gente que no los pidió ni los necesita” y que, por último, pertenece a un colectivo “totalmente contrario al objetivo original”.

Para entenderlo mejor: en un país donde los pobladores no cuentan con recursos suficientes, un Estado puede tomar medidas para rebajar el precio de alimentos básicos como la leche o el trigo.

Asumir parte del coste y hacer que este se reduzca para todos por igual puede parecer la alternativa más simple, ya que se ahorra tiempo y trámites.

Pero, a la hora de hacer cuentas, su ineficiencia sale a la luz: el gasto de la iniciativa termina siendo mayor porque no sólo se está ayudando a los pobres a comprar leche y trigo, sino también a los ricos.

La energía, el subsidio favorito

El caso más claro se encuentra en el sector de la energía, que durante décadas ha sido elegido por muchos países a la hora de dar ayudas.

El total de subvenciones a esta industria supuso en 2013 el 0,85% del PIB de América Latina y el Caribe, según el estudio del BID “Ahorrar para desarrollarse”.

Un porcentaje seis veces mayor del que suelen destinar los países desarrollados, según este informe.

Se trata de políticas que vienen de hace muchos años y que, como explicó Stampini, no se han actualizado porque eliminarlas de golpe “puede enojar a mucha gente”.

En México, el debate sobre la cancelación de este subsidio despertó polémica ante el temor de dejar desprotegidos a los más vulnerables.

Sin embargo, un análisis realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) concluyó que la realidad era la opuesta.

“Por cada peso del subsidio a la gasolina que recibe un individuo perteneciente al 10% de la población con menores ingresos, alguien del 10% más rico se lleva 32 pesos“, afirmó la organización.

Esto se da porque quienes cuentan con más recursos económicos suelen consumir más, ya que tienen más propiedades y vehículos.

Al final, la subvención se convierte en un incentivo negativo.

“Si subsidias la energía, lo que consigues es que la gente la use más y esto tiene efecto en el cambio climático. Por eso muchos países se comprometieron a dejar de hacerlo”, explicó Stampini.

Los ricos se benefician más

El gobierno mexicano destinó en 2012 unos US$12.300 millones a cubrir el subsidio a la gasolina, alrededor del 1,4% de su PIB, según los datos del IMCO.

Pero, lejos de reducir las desigualdades, esta ayuda las reforzó.

El 60% de los fondos fueron a parar a cubrir los gastos del 20% de los mexicanos con mayores ingresos, según esta entidad.

Sólo el 3% de la ayuda llegó al 20% de los más pobres.

República Dominicana también eliminó el subsidio generalizado a la energía, pero lo reemplazó por dos focalizados: Bono Gas Hogar y Bono Luz.

La decisión supuso un ahorro de más de US$150 millones al año, un 75% de lo que costaba la subvención antes.

“Y no hubo mayores problemas con la popularidad de la medida. A veces, la preocupación de los gobiernos es mayor de lo que pasa si le explicas bien a la población la reforma”, sostuvo el experto.

Una sociedad menos desigual

“La verdad es que muchos de los que estén percibiendo estos beneficios sin necesitarlos no se van a quejar si se los quitas porque en el fondo representa un porcentaje muy bajo de sus ingresos“.

“Y luego está la ventaja de vivir en una sociedad con menos desigualdad: aumenta la paz social y la seguridad”.

Otro programa dominicano, “Comer es primero”, es otra prueba de la eficacia de la focalización de ayudas, según el Banco Mundial (BM).

Otorga una subvención mensual para la compra de alimentos a familias necesitadas.

Alrededor del 52% de su presupuesto llegó a hogares cuyos ingresos per cápita eran menores a US$4 por día, según el BM.

Y un 38% benefició a aquellas familias en las que los ingresos no superaban los US$10 diarios.

Aún así, la región de América Latina y El Caribe sigue destinando mayores partidas a los subsidios generalizados que a los focalizados.

El promedio de gasto en estos últimos es del 0,4% del PIB, según el experto del BID.

“Si se suman las exenciones a la energía (0,85% del PIB) y al impuesto al valor agregado (2,3%); los subsidios generalizados representan un desembolso hasta 8 veces mayor que los focalizados”.

Entre los principales retos para la implementación de las ayudas focalizadas, Stampini define la capacidad de establecer un sistema de datos dinámico que permita a las diferentes agencias del Estado cruzar datos.

“No tienes que comprar cosas como los fondos sociales para el Vaso de Leche o la alimentación escolar, así que los costes administrativos son menores: entregar efectivo es relativamente barato”.

Pero crear el programa es sólo el primer paso.

“Muchos de los pobres no van a pedir la ayuda porque viven en áreas remotas y no se enteran o no tienen confianza en el Estado”, afirmó.

“Hay que ir a buscarlos“.

 

Fuente: BBC Mundo/Stefania Gozzer 18/08/2017

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